¿Es posible medir la creatividad? 82

1 dic 2013   | Blog

En el pasado congreso de la ISSID de
Barcelona presentamos una comunicación sobre la medida de la creatividad. Hay
algo de revuelo sobre este tema, siempre lo ha habido.
Hay quienes defienden que la creatividad siga
siendo el duende, la musa, la inspiración… y que su espíritu no pueda, ni
deba meterse en una botella. Que siga siendo un misterio. Este tema acepta
muchas matizaciones como las que propone el Dr. Javier Corbalán en “El genio en
una botella”.

Parece, que la creatividad está de moda. Y lo
más importante, ahora importa. En el Sexto Informe de Situación
de la Comisión al Parlamento Europeo y al Consejo sobre la Cohesión Económica y
Social, se afirma que “la creatividad y la innovación pueden ayudar a la Unión
a salir con más rapidez y más fortalecida de la crisis económica actual”; y que
“la clase creativa básica es
especialmente importante para una economía, ya que sus miembros generan más
ideas y son más proclives a establecer nuevas empresas, contribuyendo, por
tanto, al crecimiento y la creación de empleo”.

Tras una
infinidad desesperante de años en los que parecía que se miraba de costado este
concepto, la creatividad está ahora en el centro del punto de mira de la
sociedad, apareciendo como un recurso, a la desesperada, en medio de una crisis
vertiginosa.


Los líderes políticos, la nombran de
continuo, junto con su compañera de escena, la innovación. Obama, Barroso, y
hasta el mismísimo Rey de España en su último discurso de nochebuena, decía: “Hoy
como entonces, podremos superar las dificultades actuales con la
generosidad,  el talento y la
creatividad
de nuestros hombres y mujeres.”

Sin embargo,
desde un punto de vista científico, abordar un conocimiento preciso de qué es y
cómo funciona la creatividad no es tarea fácil, como es bien sabido por los
investigadores: hace unos años, en el primer capítulo del prestigioso “Handbook of Creativity” (Glover,
Ronning y Reynolds, 1989), titulado “Creativity.
What are we to measure?”
, Robert T. Brown concluye exponiendo su “Confusional Model of Creativity”, que se
presenta así:



Luego,
parafraseando un clásico cartoon de
Sidney Harris, aclara “We need to be more
specific in step 2”
.




Intentando dar respuesta a lo que dicho
milagro supone, la comunidad científica ha desarrollado infinidad de aproximaciones,
experimentos y estrategias. Tantas que a un
destacadísimo
investigador actual, Mark A. Runco (2010), del Torrance Creativity Center
(University of Georgia), le ha llevado a promover una reciente reflexión que,
por una vez, se aleja de la habitual tendencia a resolver los problemas haciéndolos
cada vez más complejos, realizando una sorprendente aportación sobre la
importancia de la parsimonia en los estudios sobre creatividad, y en particular
en la investigación acerca de su medida.

Así, en la European Commission – Education &
Training – lifelong learning policy (2009). International
Conference “Can creativity be measured?
de Bruselas, en lugar de
abordar la cuestión de si “¿se puede medir la creatividad?” propone cambiarla
por las siguientes: (a) ¿Qué expresiones o componentes de la creatividad se
pueden medir? y (b) ¿Cuáles son los mejores métodos para lograrlo? En su opinión,
éstos pueden no parecer cambios importantes, pero hay una significativa
transformación implícita. Se trata de una forma parsimosiosa y eficiente de
abordar la cuestión, que evita divagaciones y se concreta en posibilidades
realistas.

Y de ahí pasa a la consideración de que lo que
interesa a la medida de la creatividad son precisamente los indicadores de
potencial, más que la evaluación de los desempeños reales y los logros ya
alcanzados, pues estos últimos ya están demostrados y se trata de personas
cercanas a sus niveles máximos de rendimiento. Donde una medida de la
creatividad alcanza su pleno significado y revierte las inversiones en ella
realizadas es en la correcta identificación de capacidades, incluso,
preferentemente, en aquellos sujetos que apenas sí han ofrecido evidencias de
las mismas todavía. Se trata de poder orientar a “los individuos con un
potencial para hacer grandes mejoras, que a su vez se traducirán en grandes
cambios a nivel social.”

A todo ello pretende dar respuesta, de una
manera eficiente y parsimoniosa, el test CREA (2003) que, tras 12 años de
investigación previa, y una muestra de 2.500 sujetos en España y Argentina, ganó
el
VII Premio Internacional TEA Ediciones de
Investigación y Desarrollo 2002, el más importante en el mundo de habla hispana
relativo a la invención de nuevas pruebas psicológicas. Y ahora,
tras 10
exitosos años de vida pública, y unas 300.000 aplicaciones controladas (más las
incontroladas), emerge como una posibilidad realista de medida más objetiva y
precisa del potencial creativo de las personas.

Pero, ¿cómo lo
hace? Utilizaremos el viejo sistema de los silogismos.
Ahora, un problema:

As I was going to
Saint Ives,
I crossed the path
of seven wives.
Every wife had
seven sacks,
Every sack had
seven cats,
Every cat had seven
kittens,
Kittens, cats,
sacks, wives,
Ahora bien … ¿Cuál es la solución? En
realidad nadie la sabe, no la puede saber. Y esto pasa porque, sin pregunta no
hay problema… Según se pregunte acerca de ¿Qué paso adentro de los sacos? o ¿Por
qué siete de cada? o la clásica de la adivinanza:
How many were going
to Saint Ives?,
las
respuestas van a ser muy distintas porque los problemas son distintos. La
pregunta es la síntesis del problema, su corazón, y, a la vez, el motor de la
respuesta. Esta es la primera premisa.

La diferencia entre inteligencia y
creatividad ha estado básicamente asociada, desde Guilford (1950), a los
conceptos de Pensamiento Convergente y Pensamiento Divergente. Mientras el
primero recoge la capacidad para responder a problemas de solución única, el
segundo atiende a la capacidad para “proponer múltiples soluciones a un
problema”.

Si por creatividad
podemos entender esto último, cómo tendríamos que considerar el “proponer múltiples
problemas a una solución”. Parece lógico que también esta actividad es
pensamiento divergente, es creatividad. Esta es la segunda premisa.
Y puesto que sin pregunta no hay problema, y
que la pregunta es la síntesis del problema, entendemos que proponer múltiples
preguntas a un estímulo, puede ser una excelente expresión parsimoniosa de la
creatividad. Esta es la conclusión.

Frente a los retos que supone una medida objetiva
y parsimoniosa de la creatividad, los diferentes intentos históricos de abordar
esta tarea han coincidido en descomponer el constructo en supuestos
componentes: flexibilidad, fluidez, originalidad, etc. y proponer al evaluado
que realice pequeños actos creativos, en un corto periodo de tiempo, para
contabilizarlos posteriormente. Son tests muy divertidos, porque ponen en
marcha el saludable recurso de la creatividad. Pero presentan graves problemas
de tipo psicométrico: inestabilidad de la medida, subjetividad de las
calificaciones, diferente valor de las respuestas, etc. Ello ha hecho que la
cuestión de la medida de la creatividad, pese a los relevantes esfuerzos de
Torrance, Guilford, o Mednick y en España, Romo o Artola, haya seguido abierta
y haya justificado, por ejemplo, la reciente
European
Commission – Education & Training – lifelong learning policy (2009). International Conference “Can
creativity be measured?
de Bruselas, antes citada. Allí muchos
investigadores se siguen preguntando sobre la medida de la creatividad.

Frente a la visión tradicional de
medida de la creatividad, La propuesta del CREA, en cuanto a su
procedimiento técnico es como sigue.
Para poder
ajustarse a las exigencias de la psicometría, la manera en que el test CREA
aspira a poder apreciar la capacidad creativa de un sujeto en relación a otros,
ha tenido precisamente que alejarse de la estrategia tradicional de in-tentar
evaluar directamente la conducta creativa, y en cambio dirigirse hacia la
medida de un fenómeno que, no siendo calificable estrictamente como
creatividad, sí es una condición necesaria para que ésta pueda darse; es decir
proponiendo la evaluación de una tarea que parece más bien actuar como
precursor de la creatividad. De ahí que en el CREA se tienda a hablar más bien
de medida cognitiva, de inteligencia creativa, de capacidad para ser creativo,
y no tanto de creatividad como conducta global con todos los ingredientes
afectivos, motivacionales y contextuales que ésta comporta.
Como en el manual de la prueba se indica (Corbalán
et al., 2003), la tarea en torno a la que se realiza la medida es la elaboración
de preguntas sobre un estímulo determinado. Desde el punto de vista teórico, la
elección de esta tarea se justifica por diferentes vías: desde aspectos de la
misma relacionados con los factores clásicos, como la producción divergente, la
flexibilidad, la fluidez o la originalidad (v. Guilford, 1977, Torrance, 1974);
hasta con propuestas teóricas, como la búsqueda de problemas, problem finding (v. Runco, 1994), y el
pensamiento lateral, lateral thinking (v.
De Bono 1998); las dimensiones motivacionales y de personalidad, como el
cuestionamiento del mundo, la inconformidad, la curiosidad, el afecto positivo,
etc. (v. Maslow, 1994, Clapham, 2001); o las dimensiones cognitivas, como la
versatilidad en el uso de los esquemas cognitivos, la sobreinclusión, overinclusion (v. Eysenck, 1995, Alonso
y Corbalán, 1999), etc. (Un momento, ¿El genio en una botella?¿La pregunta
puede ser el cuello de botella de la creatividad?).


Por su parte,
la evidencia práctica de la prueba viene dada por su capacidad predictiva
respecto de otras pruebas de creatividad, y diferencial respecto de diferentes
medidas de CI; también por algunos trabajos de comparación con dimensiones
biográficas o valoración directa del talento creativo, como en un estudio sobre
composición musical, citado en el manual, u otros posteriores en relación con
las artes, la investigación o la iniciativa empresarial (Donolo y Elisondo,
2007; Chaur Bernal, 2005; Gil Frías, 2009; Limiñana Gras, 2008, 2010; Martín,
Vicente y León del Barco, 2005; Rivera, 2009; etc.).

Junto a todo ello,
recientemente estamos asistiendo a una creciente internacionalización del uso
de la prueba, como expusimos en el poster titulado
CREA. A
CROSS-CULTURAL STUDY,
que
se presentó en la correspondiente sesión de posters.
Hace poco la BBC publicaba un documental
sobre la neurociencia de la creatividad que me gustó especialmente y que puede
encontrarse fácilmente (http://www.youtube.com/watch?v=C2L0t-EN2Yo). Algunos
veréis caras conocidas ahí.

Tal vez quede mucho
para poder dominar el fenómeno, tal vez sea una tarea difícil y necesitemos más
tiempo y esfuerzos para saber qué pasa en el cerebro para que emerja la
creatividad, pero no por eso vamos a rendirnos ¿Verdad?
Ramón
Martín-Brufau.

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